EL CALIFATO OMEYA

En el periodo comprendido entre los años 711 y 756, Málaga entra a formar parte del Califato Omeya.

La ciudad, al igual que todo el territorio recién conquistado, conocido como Al-Ándalus, queda bajo el mandato de la dinastía de los Omeyas.

“Los Omeyas llegaron a poseer el imperio más grande de cuales habían existido hasta la fecha.”

EL GOBIERNO DEL CALIFATO OMEYA EN AL-ÁNDALUS.

A su llegada a Al-Ándalus, los Omeyas asignaron a un gobernador, conocido como valí o emir. Este sería el encargado de mantener el orden de la región. El emir se encontraba sujeto a las órdenes de un califa, considerado como el emperador del imperio Omeya. El poder de esta dinastía quedaba centralizado en su capital, Damasco, donde por tanto residía el califa.

En este momento, Al-Ándalus queda dividida en coras o provincias, con una capital y numerosos distritos.

La capital de la cora de Rayya, actual provincia de Málaga, era el pueblo de Archidona. Este era conocido en aquel entonces como Arshiduna. Aunque bien es cierto que, la ciudad de Malaqa (Málaga), se imponía ya como uno de las más pobladas e importantes de la cora. Otras ciudades principales eran Suhayl (Fuengirola), Ballix (Vélez-Málaga), Cártama y Ard-Allah (Árdales).

LA INESTABILIDAD EN EL CALIFATO OMEYA.

Por su parte, un gran número de los habitantes hispano-visigodos se vieron obligados a huir a los Montes de Málaga.

Otros muchos decidieron sin embargo integrarse en la comunidad islámica. La mayoría motivados por el rechazo los tributos que debían abonar los que profesasen una religión diferente al islam.

Málaga y Al-Ándalus en su totalidad, vive en el Califato Omeya un periodo de inestabilidad política. En él, no paran de sucederse diferentes valíes en el poder. La población hispana que decidió quedarse tras la conquista, y un gran número de bereberes, no dejan de provocar continúas revueltas. Estas se daban debido al descontento que les suponía esta inseguridad.

“El Califato Omeya fue un periodo de inestabilidad política, debido al proceso de adaptación de la población, que era contraria a convertirse al Islam.”

Estos últimos terminan abandonando el norte de la península a modo de rebelión, momento en el que las campañas asturianas del rey Alfonso I aprovechan para expandir sus territorios, que habían quedado relegados a una pequeña parte de la franja costera del norte peninsular.

Este período de guerra interna entre etnias musulmanas por el poder, así como de coyuntura por parte de los reyes cristianos, se sucede hasta el año 756, cuando se proclama el Emirato de Córdoba.

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